
Las terapias asistidas por animales que nos sanan
Que la interacción con los animales beneficie a nuestra salud, no es ningún secreto. Desde hace años, algunos de ellos se han convertido en el epicentro de un nutrido grupo de investigaciones; estudios, por otro lado, que han logrado tejer una metodología terapéutica en auge: la zooterapia o terapia asistida por animales.
A día de hoy, son muchos los centros hospitalarios y residenciales que ya apuestan por la implantación de este tipo de sistemas; nada extraño, teniendo en cuenta los increíbles resultados que se han ido cosechando a lo largo del tiempo. En España, contamos con varios ejemplos de ello, como el Hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona, o el Materno de A Coruña.
La zooterapia, nacida a finales del siglo XIX, abarca un diverso número de intervenciones médicas protagonizadas por distintos grupos de animales. Si bien es cierto que suele trabajarse con perros, por su carácter y cercanía, estos no son los únicos animales ‘coterapeutas’. Los delfines, los conejos o los hámsteres también forman parte de este maravilloso listado.
Pero antes de que se produzca el primer contacto entre el animal y el paciente, como sucede en el caso de los perros, es necesario un tiempo de formación. Los entrenadores, que a menudo son profesionales de la salud especializados, cuidan y aleccionan a cada uno de ellos para que, durante las sesiones, la interacción resulte recíprocamente positiva. En la mayor parte de los casos, además, los acompañan durante las mismas, y ayudan en el proceso.
Gracias a las terapias asistidas por animales, niños de todo el mundo aprenden a leer, mejoran las barreras del contacto físico en el autismo, desarrollan sus habilidades comunicativas y sociales o superan momentos traumáticos. Pero también adultos enfrentan lesiones cerebrales, afecciones cardíacas, controlan su nivel de estrés o superan la depresión.
Interactuar con un perro de asistencia puede ser clave a la hora de realizar pequeños ejercicios, de incentivarnos para llevar a cabo tareas, de levantarnos el ánimo y recuperar la autoestima. Montar a caballo puede ayudarnos a estimular la musculatura y las articulaciones a través del vaivén de su movimiento. Nadar con delfines, acompañar terapias de rehabilitación acuática. O acariciar un gato, ayudarnos a relajarnos a través del ronroneo.
Desde hace poco, a este grupo terapéutico también pertenecen las aves rapaces. El contacto con ellas, como vislumbran los primeros datos de un programa pionero llevado a cabo en Castilla-La Mancha, ayuda a niños y a adultos a afrontar enfermedades raras y trastornos cognitivos.
Cada animal posee cualidades distintas y cada intervención, por tanto, contará con matices diferentes, adaptándose en cualquier caso a las necesidades del propio paciente y de su evolución.
En ocasiones, la metodología puede incluir sesiones en las que el animal no está presente. Estas, que igualmente giran en torno a él, se convierten en momentos de creación, y se utilizan como método de incentivo de la imaginación. En ellas se crean objetos para el animal, como collares, juguetes, etc.
Como vemos, sobran los motivos para creer en la influencia positiva que el contacto con los animales genera sobre nuestra salud. De ello, da buena cuenta la comunidad médica; pero también aquellos pacientes que han tenido la suerte de contar con un perro, un gato, un caballo o un hámster para ayudarles cuando más lo necesitaban.
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