
La mujer que salvó a 100 perros de morir en el Festival de Yulin
Sucede que a veces de un hecho deleznable surge una historia maravillosa que no pasa inadvertida. La protagonista de una de ellas es una mujer corriente, una maestra china retirada llamada Yang Xiaoyun, alguien que decidió hacer lo posible por salvar a 100 perros de ser sacrificados en el recientemente celebrado Festival de Yulin, o como algunos lo llaman ‘Festival de la carne de perro’.
Yulin es una ciudad al sur de China, localizada en el mapa internacional por ser sede de un evento que pone la carne de gallina. Su festival, celebrado cada año con motivo de la llegada del verano, representa una trasnochada y macabra costumbre donde se consumen y sacrifican de manera cruel alrededor de 10.000 perros. A pesar de las grandes críticas que ha generado y sigue generando tal atrocidad, este año también se ha llevado a cabo como parte de las tradiciones más arraigadas de esa región, y no parece probable que deje de celebrarse en próximas fechas.
Por suerte, no toda la comunidad china apoya este tipo de prácticas, y cada vez son más las voces y los ejemplos con nombres y apellidos que se posicionan claramente en contra, como Yang Xiaoyun.
Esta mujer de 65 años viajó a Yulin, a más de 2400 km de su casa, con un único objetivo: salvar al mayor número de perros que le fuera posible con los ahorros con los que contaba. Pero esta no era la primera vez que lo hacía, el año pasado compró a otros 400 perros y a algunos gatos, en un acto de amor hacia los animales y dentro de un marco social resistente al cambio.
Este año no pudo hacerlo con tantos, pero gracias a ella 100 de esos perros sentenciados tuvieron la suerte de sobrevivir. Ahora comparten hogar con más de 900 canes en un refugio gestionado por Yang, El “Common Home”; un lugar humilde fundado por ella misma hace algún tiempo. Yang se ocupa de cuidar a los 1000 canes que ha ido rescatando, algo nada fácil teniendo en cuenta su edad. Por suerte, en este proyecto no está sola y recibe la ayuda de voluntarios y algunas donaciones, que le hacen el trabajo un poco más sencillo.
La mayor parte de los perros que forman parte de este pequeño hogar canino están enfermos o heridos; por lo que la maestra debe asumir también el papel de enfermera. Yang les suministra los medicamentos, les pone las inyecciones que necesitan y los cuida con gran destreza después de los años. Lleva ya 20, desde que acogiera a su primer perro rescatado de la calle, del que se enamoró y que le cambió la vida.
Posiblemente las condiciones en las que conviven los más de 1000 perros que abarrotan este centro de rescate no sean las mejores, pero no les falta cariño ni comida. Yang les prepara diariamente panecillos de maíz al vapor y los premia de vez en cuando con algún embutido, dándoles la oportunidad que nunca tuvieron.
Esta mujer, que pretende crear en el futuro un segundo centro de rescate en la difícil urbe de Yulin, representa una corriente que despierta con fuerza en China y que poco a poco hace prever un cambio en esta sociedad. Es, sin duda, un hilo de esperanza y un ejemplo de lucha humilde, generosidad y amor hacia el mundo canino.
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